Tres riesgos de una reforma
Hoy por hoy, la cultura burocrática ha hecho de las escuelas los lugares donde menos se discute de temas relacionados con la educación. La burocracia al pene-trar a cada recinto escolar en lugar de ser aliada del cambio y de la innovación, se convirtió muy pronto en parte indisoluble del conflicto y en muchos casos un obs-táculo insalvable. Por ello, una reforma corre tres riesgos fundamentales: Primero, una reforma corre el peligro de quedarse en buenas intenciones cuando las es-tructuras cognitivas de los profesores están arraigadas y evitan debatir sobre in-novaciones que impliquen cambiar ideas y creencias. Lo anterior conlleva al se-gundo, todos aparentan aceptar y poner en operación cada punto de la reforma pero en realidad solamente se queda en la superficie, el supuesto cambio se cu-bre con maquillaje en el discurso pero en cada salón de clases todo sigue igual. Profesores y directivos fingen entender el planteamiento central de la reforma, ponerla en operación, pero sólo se termina en buenas intenciones. La tercer posi-bilidad de fracasar es cuando la reforma es vista como irrealizable. La postura de docentes y directores es la indeferencia, no hacer nada salvo la crítica en el plano destructivo.
Ciertamente, una reforma integral como la que plantea el SNB está en el umbral de una utopía, pero de una utopía posible. En cierta manera, todas las acciones humanas que lleven tintes de mejora colectiva pueden ser catalogadas como uto-pías y de hecho la vida misma es una utopía, al respecto dice Brici citado por Ga-leno la utopía “está en el horizonte. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré. ¿Para qué sirve la utopía? Para eso sirve, para caminar (FB y EG). Un proyecto educativo por modesto que sea es una utopía que pone en moviendo hacia determinada dirección, cuando se ca-rece de ellas también se puede caminar, la diferencia es hacia donde y como. La utopía vista desde la arista de la ruta, evita caminar en círculos, incluso retroceder o estancarse. En suma, para el caso concreto de cada centro escolar la utopía es a fin de cuentas el proyecto educativo. Significa entonces, que el fracaso escolar (bajos índices de aprobación, abandono escolar, baja eficiencia terminal y altos índices de deserción) no se debe a la utopía o a la planeación, sino precisamente a la falta del proyecto educativo escolar.
Proyecto educativo escolar se refiere a disponer siempre de un Plan de Mejora Continua, porque es como “un sistema vivo, que se alimenta, se nutre, se enfer-ma, se cura, se vacuna y siempre desecha las toxinas” . En esta analogía el pro-yecto educativo está plasmado en un documento que se convierte en vigía que requiere ser alimentado, estar actualizado para protegerlo contra futuras enferme-dades (acomodamiento y conformismo), de directivos, profesores, estudiantes y padres de familia. El proyecto educativo en constante renovación produce una escuela fortalecida y mantiene vacunas como medidas precautorias de terribles enfermedades como:
• Planear pensando en que los estudiantes no lograrán los objetivos.
• Evadir las necesidades y expectativas de los estudiantes argumentando que el programa ya está hecho.
• Creer que mucho contenido es sinónimo de calidad educativa.
• Suponer que el fracaso se debe los educandos y el éxito a los profesores.
• Cubrir programas como meta, más que consolidar aprendizaje.
• Pretender la memorización de contenidos por parte de los estudiantes.
• Creer que los estudiantes tienen problemas de incapacidad.
• Poner actividades para entretener a los escolares, dejando a un lado la creación de ambientes de aprendizaje.
• Enfocarse en la enseñanza y en la memorización, en lugar de utilizar el en-foque en el aprendizaje y en la resolución de problemas como experiencias de aprendizaje.
jueves, 27 de noviembre de 2008
miércoles, 26 de noviembre de 2008
La educación media superior cambia de enfoque
La Reforma Integral de la Educación Media Superior mediante la creación del Sistema Nacional de Bachillerato (SNB), plantea entre otras cuestiones que, la educación que reciban los estudiantes de este nivel educativo debe contribuir a su crecimiento como individuos a través del desarrollo de capacidades y actitudes que les permitan reflexionar, interactuar en contextos plurales, asumir un papel propositivo como miembros de la sociedad, discernir aquello que sea relevante y estar en posibilidades de actualizarse de manera continua. Significa, la búsqueda de un perfil de bachiller reconociendo la educación como un desafío constante en donde, “el cambio y la acumulación permanentes del conocimiento exigen a los sistemas educativos una capacidad de actualización continua de sus currículos y de sus cuerpos docentes; que la universalización del acceso y la heterogeneidad sociocultural y económica crecientes reclaman de la escuela capacidad para desarrollar estrategias y modalidades de funcionamiento y de enseñanza diferenciadas”[1] (Pozner, 2000, p. 19). En este sentido, la formación en la actualidad debe hacer un viraje hacia la educación centrada en el desarrollo de competencias en los estudiantes, no solamente en torno al campo laboral sino trastocando esta frontera para incursionar en un nuevo modo de conducir el funcionamiento del proceso de enseñanza aprendizaje dentro y fuera del espacio denominado aula.
En este tenor, la Reforma Integral de la Educación Media Superior (RIEMS) mediante la creación del Sistema Nacional de Bachillerato (SNB), plantea romper viejas estructuras cognitivas de carácter pedagógico que restringen en los estudiantes el desarrollo de habilidades y actitudes así como la apropiación y comprensión del conocimiento para desarrollar la capacidad de aprender, innovar y generar nuevos conocimientos.
[1] Pozner, P. (2000). “Desafíos de la educación” en: Competencias para la profesionalización de la gestión educativa. P. 19. Buenos Aires: UNESCO, IIPE Buenos Aires. Ministerio de Educación de la Nación.
José Ruiz Ortega
En este tenor, la Reforma Integral de la Educación Media Superior (RIEMS) mediante la creación del Sistema Nacional de Bachillerato (SNB), plantea romper viejas estructuras cognitivas de carácter pedagógico que restringen en los estudiantes el desarrollo de habilidades y actitudes así como la apropiación y comprensión del conocimiento para desarrollar la capacidad de aprender, innovar y generar nuevos conocimientos.
[1] Pozner, P. (2000). “Desafíos de la educación” en: Competencias para la profesionalización de la gestión educativa. P. 19. Buenos Aires: UNESCO, IIPE Buenos Aires. Ministerio de Educación de la Nación.
José Ruiz Ortega
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